Suelen ser inflexibles y rígidos tanto en sus tareas como en sus pensamientos.
Son pesimistas y autocríticos, no aceptan las críticas de los demás y cualquier comentario hacia su persona, lo consideran como un atentado hacia su intimidad. Al interiorizar tanto sobre sus sentimientos, cualquier comentario negativo les hace sufrir enormemente, le dan excesiva importancia.
Baja autoestima. Poseen sentimientos de inferioridad y de culpabilidad. No les gusta quedar mal y con frecuencia sienten vergüenza delante de los demás. Por lo general, ante un grupo de personas permanecen más tiempo escuchando que hablando.
Excesiva timidez. Aunque la timidez es el rasgo más característico de las personas introvertidas, no todas las personas tímidas son introvertidas, hay quienes al principio son tímidos cuando no tienen confianza y conforme van entrando en confianza con las personas se sueltan más y desaparece la timidez inicial.
No tienen muchos amigos y no les gusta relacionarse con gente nueva. Tienden a alejarse y retraerse de la vida social, carecen de habilidades para las relaciones sociales.
El introvertido es incapaz de expresar sus sentimientos, sus deseos y sus objetivos. Si algo le molesta, no lo dice.
No tienen muchas relaciones de pareja, pues su dificultad para relacionarse con los demás dificulta la posibilidad de una relación con el sexo opuesto. Esto, en la mayoría de los casos provoca frustración, no llegan a comprender por qué no encuentran una pareja con quien compartir.
Son fácilmente irritables, aunque no lo exteriorizan, prefieren retirarse antes que demostrar sus sentimientos.
Son apáticos, no desean tener emociones nuevas. No sienten interés por las aventuras ni por lo desconocido. Se conforman con su vida, no le gustan los cambios, la incertidumbre ni los imprevistos.
Lo interesante de las personas introvertidas surge cuando vencen sus aspectos negativos y dan paso a las cualidades que les hacen ser personas especiales.