A lo largo de nuestra vida, en nuestras relaciones sociales, todos hemos conocido a personas que tienen la capacidad de hacer que los demás se sientan a gusto con ellos. Es una especie de talento natural que hace que estas personas sepan lo que tienen que decir o cómo tienen que comportarse en cada momento. Esta cualidad es lo que denominamos talento social. Como cualquier otro tipo de talento es una cualidad innata en la persona, pero también se puede pulir, desarrollar e incluso adquirir mediante la educación y el aprendizaje.
Capacidad innata. Saben cómo tratar a cada persona por lo que pueden establecer fácilmente conexiones con los demás.
Una de las primeras cosas que apreciamos en las personas que tienen esta cualidad, es su capacidad de observación y su facilidad para interpretar las palabras, los gestos y las actitudes de las otras personas, y averiguar de esta manera cuáles son sus sentimientos. Los podríamos catalogar como unos buenos psicólogos.
Al tener esta capacidad de análisis, saben cómo tienen que tratar a cada persona, por lo tanto les es muy fácil establecer conexiones personales con los demás.
Otra cualidad común en la gente con talento social es su capacidad de persuasión, saben qué es lo que tienen que decir a sus interlocutores para convencerles de llevar a cabo cualquier proyecto, de disuadirles de tomar una actitud o convencerles para tomar la contraria.
Estas cualidades implican que son las personas idóneas para las negociaciones de cualquier tipo y para mediar entre diferentes personas y evitar posibles conflictos, ya que son capaces de llevarse bien con todas las partes y ver los distintos puntos de vista.
Todo lo anterior les convierte en personas con una gran capacidad de liderazgo, ya que pueden movilizar y motivar a grupos de personas con suma facilidad.
Del mismo modo que existen personas con una aptitud natural para las relaciones sociales, también hay otro tipo de personas que se encuentran en el polo opuesto.
Por un lado están las personas excesivamente tímidas o introvertidas, que por su propia manera de ser, huyen de las relaciones sociales, no se encuentran cómodos en reuniones o tratando con gente a la que no conocen ampliamente. Su propia inseguridad les hace en ocasiones actuar torpemente, lo que les produce mayor inseguridad aún.
Por otro lado, existe otro tipo de personas bien distinto, suelen ser personas abiertas y extrovertidas, pero con una facilidad innata para meter la pata. Son los típicos impertinentes, que a diferencia de las personas con talento social, tienen una pobre capacidad de observación y análisis. En ocasiones su afán de protagonismo les lleva a hablar demasiado y a cometer grandes torpezas en su trato con los demás, lo que hace que éstos huyan de ellos despavoridos.
La falta de habilidad social no es siempre una condición innata en las personas, muchas veces se debe a la falta de educación al respecto.
Por eso hay una serie de normas que siempre hay que cumplir para empezar a tener una buena convivencia con los demás e ir adquiriendo ciertas habilidades sociales y un mayor grado de aceptación social.
- Seguir unas normas básicas de educación pidiendo las cosas por favor y pidiendo perdón o dando las gracias cuando sea conveniente.
- Observar a nuestros interlocutores e interpretar los signos que éstos emiten en sus rostros, en sus palabras o gestos para saber cuándo hay que cambiar el tema de una conversación o cuándo debemos poner fin a ésta.
- Escuchar con respeto y atención cuando hablen los demás.
- Evitar la intromisión en la vida del otro más allá de lo que éste lo permita.
- Aprender a mantener con soltura una conversación circunstancial con personas a las que conocemos poco o nada.
- Ser afables en nuestra manera de dialogar y no tomar actitudes hostiles con nuestros interlocutores.
- Tampoco es lo mejor para hacer amigos tomar actitudes de superioridad o paternalistas, ni hablar como si siempre estuviésemos en posesión de la verdad.
Las personas con habilidades sociales son abiertas, flexibles y permeables a las opiniones de los otros, pero esto no quiere decir que no puedan tener unos fuertes y arraigados principios y convicciones.
Tener talento social no significa que todo lo que hagamos vaya encaminado a agradar a las otras personas. Muchas personas se dejan influir excesivamente por las modas y las tendencias existentes en un momento o en un entorno determinado, tanto en sus opiniones como en su manera de pensar, precisamente para conseguir esa aceptación social.
La persona con talento social es respetuosa y sabe escuchar las opiniones de las otras personas, pero esto no significa que no pueda discrepar. Sin embargo, esta discrepancia no se producirá de una manera hostil o desagradable, lo que hará que aumente su capacidad para persuadir y convencer a su interlocutor, ya que logrará que éste no tome una actitud negativa ante él y no se ponga a la defensiva.
Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga. Especialista en infancia y adolescencia.