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Alimentación durante el embarazo
Recientes investigaciones establecen un estrecho contacto entre la alimentación equilibrada de la madre embarazada y el correcto desarrollo del feto. Una nutrición equilibrada durante el embarazo es una gran ayuda a la hora de prevenir abortos, alumbramientos prematuros o la disminución de su peso y de su talla.

1. ¿Qué pautas se deben seguir? 
2. Claves de una dieta equilibrada 
3. Alimentos prohibidos durante el embarazo 
4. Suplementos vitamínicos, siempre bajo supervisión médica 
5. Cuestiones prácticas 
    5.1. Frecuencia de comidas para la mujer embarazada 
    5.2. Cómo evitar los ardores, náuseas y otros síntomas  
    5.3. Antojos de comida durante el embarazo 
    5.4. Control de peso 
 
  1. ¿Qué pautas se deben seguir?
 
Dieta equilibrada y variada. Es el patrón que debe guiar la alimentación durante el embarazo.
A la mujer embarazada lo primero que se le indica es que se haga una analítica completa para saber cuál es el estado de sus defensas, su grupo sanguíneo y su Rh, y detectar cualquier posible trastorno o patología.

En líneas generales, la alimentación durante el embarazo será la misma que la de cualquier mujer sana, pero con algunos cuidados especiales. Hay que prestar mucha atención a la alimentación de las mujeres multíparas -las que ya han tenido más de un embarazo-, y sobre todo cuando ha habido un corto periodo entre ellos. En estos casos, las posibles reservas de la madre se han ido agotando y su organismo puede resentirse con anemias o descalcificaciones.

Se ha de seguir una dieta variada y equilibrada. Sin embargo, en la gestación se ha de aumentar la ingestión de alimentos ricos en hierro y ácido fólico, fundamentalmente. El hierro lo encontramos en la soja, las lentejas, las espinacas, judías verdes y los guisantes. El hierro es necesario para que el feto pueda aprovechar el oxígeno. Su carencia produce la anemia ferropénica: disminuyen los glóbulos rojos y, por tanto, disminuye el paso del oxígeno al feto a través de la placenta.

La mujer deberá tomar suplementos de ácido fólico (vitamina B9) dos o tres meses antes del embarazo y a lo largo de la gestación. El ácido fólico está implicado en el crecimiento de las células. La carencia de ácido fólico puede dar lugar a defectos en el crecimiento del tubo neural del feto (el futuro cerebro y médula espinal del niño), lo que se traduce en la formación de espina bífida.

La ausencia de ácido fólico es responsable también de otras afecciones graves para el feto, como el desarrollo del labio leporino, el aborto espontáneo en el primer trimestre, el aumento de la tensión arterial, poco desarrollo en la talla del feto o el desprendimiento de la placenta.

Los objetivos que se buscan en la alimentación durante el embarazo son cubrir las necesidades nutritivas de la mujer y satisfacer las exigencias nutritivas del desarrollo y crecimiento del feto. También se persigue preparar al organismo materno para afrontar favorablemente el parto y promover la futura lactancia.


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  2. Claves de una dieta equilibrada
 
La mitad del aporte proteico debe proceder de las carnes, pescados y huevos. La principal fuente de energía para llevar a cabo las actividades diarias serán los hidratos de carbono complejos (el organismo absorbe la glucosa -un tipo de azúcar que contienen- de forma gradual). Los hidratos de carbono complejos son el arroz, las legumbres, las patatas, las frutas y algún cereal enriquecido.

No se debe abusar de los hidratos de carbono simples, que encontramos en el azúcar de mesa, la miel, los dulces o la bollería industrial, porque pueden alterar el metabolismo de la glucosa. Al ingerir hidratos de carbono simples, el azúcar pasa directamente a la sangre, y como en el embarazo hay cierta resistencia a la insulina (la hormona encargada de bajar los niveles de azúcar en sangre), el azúcar hace que el feto aumente de tamaño. Por ello los hidratos de carbono simples se tomarán de vez en cuando, de forma moderada.

Las verduras, frescas o congeladas, junto con las frutas, son los alimentos que aportan más vitaminas y minerales. Como principal grasa se debe consumir el aceite de oliva, aconsejable para cocinar los alimentos. El aceite de oliva contiene ácidos grasos esenciales muy importantes para el desarrollo del tejido nervioso y de la retina del feto. Las cocciones de los alimentos deben ser sencillas, con pocas especias, y con un aporte de sal normal, preferentemente yodada.

Son muy importantes los productos lácteos (la leche y sus derivados, preferiblemente desnatados) para un correcto balance cálcico, y los alimentos ricos en hierro, dada la tendencia a anemizarse de la mujer embarazada. El consumo de calcio es imprescindible para la formación de los huesos del feto, y también para prevenir el aumento de la tensión en la mujer embarazada. Los alimentos desaconsejables son principalmente los alimentos ricos en grasas.


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  3. Alimentos prohibidos durante el embarazo
 
Toxoplasmosis. Para evitarla, además de no comer carne cruda (embutidos), es fundamental no manipular carne cruda con las manos y lavar frutas y verduras escrupulosamente.
Los embutidos no deben consumirse en el embarazo. Tampoco la carne o el pescado poco cocinados. Los vegetales crudos deben lavarse escrupulosamente. Si no se siguen estos consejos, puede aparecer una enfermedad de transmisión alimentaria con riesgo de muerte para el niño: la listeriosis, provocada por una bacteria que se encuentra en los alimentos.

Otra enfermedad que se debe prevenir, a pesar de que es muy poco frecuente, es la toxoplasmosis. El toxoplasma es un parásito que se encuentra en las carnes crudas, en las verduras que no están lavadas, y sobre todo en los gatos. Es peligroso que las mujeres embarazadas convivan con estos animales. Para evitar la toxoplasmosis, además de no comer carne cruda ni embutidos es fundamental lavarse bien las manos siempre que se manipule carne cruda, y también lavar escrupulosamente las frutas y verduras.

Por supuesto, el consumo de alcohol para la mujer embarazada está prohibido.


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  4. Suplementos vitamínicos, siempre bajo supervisión médica
 
Las vitaminas son imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo porque participan en la formación de las hormonas y de las células. A la embarazada se le pueden recomendar suplementos vitamínicos para evitar deficiencias nutricionales. Esto se hace siempre bajo supervisión médica, porque el grupo de vitaminas liposolubles (A, E, D y K) se acumulan en el organismo en caso de sobredosis, y pueden ser tóxicas para el feto. Los suplementos de vitamina A, en concreto, no se aconsejan para la mujer embarazada porque si se toma demasiada cantidad, puede existir riesgo de malformaciones en el feto.


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  5. Cuestiones prácticas
 

5.1. Frecuencia de comidas para la mujer embarazada
Se debe repartir la ingesta de alimentos en cinco o seis comidas moderadas. Hay que repartir las comidas a lo largo del día y no comer sólo cuando se tiene hambre. Las comidas repartidas también ayudan a aplacar la sintomatología gastrointestinal: por ello es importante comer poco a poco y masticar bien los alimentos.

La ración es la habitual en las tres comidas principales, añadiendo un aporte extra menor entre horas. Son totalmente desaconsejables las restricciones calóricas a las que se someten algunas madres por propia voluntad, desoyendo los consejos de los especialistas y con el único objetivo de preservar la figura. Igual de errónea es la creencia popular de que la mujer debe comer por dos, lo que provoca un aumento de peso gestacional.

El aporte diario de agua no debe ser inferior al litro y medio, restringiendo el consumo de bebidas estimulantes o refrescos azucarados.

5.2. Cómo evitar los ardores, náuseas y otros síntomas
Hay que evitar las comidas irritantes para el estómago, como el chocolate, las bebidas que contienen cafeína, la menta y los alimentos grasos. Si las comidas que realiza la mujer gestante son copiosas, aumentarán los síntomas de malestar.

5.3. Antojos de comida durante el embarazo
Los antojos se producen entre un 60 y un 90 por ciento de las embarazadas. Tienen un gran componente emocional, porque en ellos hay un mayor peso de factores psicológicos y socioculturales más que de necesidades fisiológicas. Es preferible satisfacerlos de forma moderada más que reprimirlos. Si se obedece a los antojos de forma rutinaria existe el riesgo de caer en un desorden alimenticio.

5.4. Control de peso
Lo más conveniente es seguir una dieta equilibrada, junto con ejercicio físico moderado. Este último ha de realizarse en consonancia con el estado de salud de la mujer gestante y el momento del embarazo.

Europa Press

Con información facilitada por la el Dr. Miguel Ángel Herráiz Martínez, jefe de Obstetricia del Hospital San Carlos de Madrid y catedrático de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid; y por la Dra. Ana Monfort Quintana, Médico Ginecóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

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 Última actualización: 10/06/2009 10:56


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