Es una enfermedad bacteriana altamente contagiosa que ocasiona una tos violenta e incontrolable que puede dificultar la respiración. A menudo se escucha un estridor profundo cuando el paciente trata de tomar aire.
En los bebés es necesario el ingreso hospitalario con la administración de oxigeno.
Está infección está producida por la bacteria Bordetella pertussis, que produce crisis intensas de tos difíciles de tratar y que puede dar lugar a complicaciones respiratorias y neurológicas graves si ataca a niños menores de 2 años.
Produce inmunidad pero ésta va disminuyendo con el tiempo, por lo que se puede volver a padecer la enfermedad.
Otras Bordetellas como parapertusis, bronquioséptica y otros agentes como Mycoplasmas o virus, pueden ser causantes de tos prolongada, pero ninguno de ellos es causa importante de tos ferina.
Cuando una persona infectada estornuda o tose, pequeñas gotitas que contienen la bacteria se mueven a través del aire, y la enfermedad se disemina fácilmente de persona a persona.
La tos ferina puede afectar a personas de cualquier edad.
Antes de que hubiera una amplia disponibilidad de las vacunas, la enfermedad era más común en bebés y niños pequeños.
Ahora, que la mayoría de los niños son vacunados antes de entrar en la guardería, el porcentaje más alto de casos se observa entre adolescentes y adultos.
Se inicia con signos respiratorios leves similares a los de un resfrío y progresa a tos paroxística o en crisis que pueden durar varios segundos causando gran angustia y sensación de muerte por asfixia a los niños enfermos.
Frecuentemente estas crisis producen vómitos y cianosis y en los casos intensos se producen hemorragias en la cara en forma de pintas sanguinolentas y en las conjuntivas oculares con hinchazón de los ojos.
En los niños menores de 3 meses, más que las crisis de tos pueden presentarse en forma de apneas o períodos sin respiración, con ausencia de las crisis de tos típica de los mayores.
La fiebre habitualmente es rara y las crisis van en aumento desde la 1ª semana haciéndose más intensas en la 2ª y 3ª semana después de su inicio, para luego iniciar su disminución en frecuencia e intensidad.
Los niños mayores y adultos tienen síntomas atípicos con tos persistente e irritativa y prolongada como única molestia.
La enfermedad clásicamente puede durar de 6 a 10 semanas.
Las complicaciones más frecuentes se presentan en los niños menores de 1 año y son: neumonías (22%), convulsiones (3%), encefalitis (1%) y muertes (0.3% en niños de 2 años a 6 meses y 1.3% en el primer mes de vida).
Si comparamos esta enfermedad con la meningitis bacteriana, su gravedad y mortalidad, así como las secuelas que puede ocasionar son comparables, sin que se le de la importancia que se da a la meningitis bacteriana.
Esta enfermedad es especialmente grave en los niños bajo los 6 meses de vida, en niños no vacunados y en aquellos que han sido prematuros.
Al diagnóstico se llega fundamentalmente por la clínica (difícil en el periodo catarral).
También se debe iniciar la búsqueda de Bordetella Pertusis en las secreciones faríngeas, que nos sirven para diferenciarlas de otras enfermedades con tos irritativa, intensa y repetida (laringitis, traqueitis, tuberculosis, mucoviscidosis...) y la presencia de cuerpos extraños aspirados en vías respiratorias.
Aunque esto puede ofrecer un diagnóstico preciso, el examen, algunas veces, y el tratamiento usualmente se inician antes de que los resultados estén listos. A algunos niños se les puede hacer un análisis de sangre, en el que la fórmula leucocitaria muestra grandes cantidades de linfocitos.
En los niños mayores, el tratamiento es ambulatorio.
Los bebés menores de 18 meses requieren constante supervisión, ya que la respiración puede detenerse temporalmente durante los ataques de tos.
Los bebés con casos graves se deben hospitalizar para administrar oxígeno y alimentación por sonda con aporte de líquidos con suero endovenoso.
El uso de medicación broncodilatadora será inevitable. Se indicarán antibióticos (eritromicina) cuanto antes y más en casos complicados de neumonías y otros problemas pulmonares.
Los jarabes para la tos, los expectorantes y los antitusígenos por lo general no sirven y no se deben utilizar.
Actualmente se administran 5 dosis de vacuna contra la Tos ferina, conjuntamente con Difteria y Tétanos, a los 2 meses, 4, 6, 15, 18 meses y 4 años.
Durante un brote de tos ferina, los niños menores de 7 años, que no hayan sido vacunados, no deben asistir a la escuela ni a reuniones públicas y deben ser aislados de alguien que se sepa o se sospeche que está infectado.
Esto debe durar hasta 14 días después del último caso notificado.