Dedos en garra, callos, durezas, juanetes... son algunas de las molestias más comunes de los pies. La mayoría de ellas son consecuencia directa de otras alteraciones estructurales más importantes como los pies planos o los pies cavos, que deberán corregirse a tiempo para prevenir estas dolencias referidas, incluso otros problemas mayores como los dolores de rodilla, cadera y espalda.
Alteraciones. Las durezas, callos y juanetes son molestias muy comunes.
Aunque pueda resultar extraño, muchas de las dolencias comunes que aparecen en los pies (callos, durezas, juanetes, dedos en garra...) están relacionadas con tener los pies cavos o planos. El pie se considera cavo o excavado cuando su bóveda plantar (comúnmente conocida como arco del pie) es muy alta, es decir, existe una curvatura excesiva. Por el contrario, se habla de pie aplanado o plano cuando hay ausencia de arco o este está muy disminuido.
Según los expertos, el 50 por ciento de la población tiene un tipo de pie normal o fisiológico, aproximadamente el 35 por ciento padece pie laxo y el resto pie cavo. Los casos de pie plano no son muy comunes; sin embargo, los casos de pie laxo o valgo (muy flexible) o con mucho arco cada vez se ven más en consultas.
La explicación a esta tendencia se debe, según los expertos, al hecho de llevar zapatos y andar sobre una superficie plana (aceras, losas...), que está provocando que el ser humano pierda vigor en su aparto locomotor y, concretamente, en sus pies. Así lo explica el podólogo y presidente de la Asociación Española de Podología Deportiva (AEPODE), Ángel González de la Rubia: "El pie está preparado para andar por riscos, montes, arena y piedra, por lo que muchos problemas que aparecen se deben a la pérdida progresiva de fuerza".
El pie plano se caracteriza por ser muy flexible y tender a una pisada pronadora. Esto quiere decir que la persona sin arco, al caminar, apoya más peso en la parte interna del pie. En consecuencia, surgen algunas molestias podológicas como los juanetes, que es la desviación del dedo gordo hacia dentro; durezas en los metatarsianos centrales y en el borde interno del dedo gordo por la presión con el calzado, sobre todo si este es de punta estrecha.
Cuando se tiene los pies cavos, el apoyo se realiza en una superficie menor, talón y antepié, lo que potencia las torceduras, los dedos en garra, callos en el dorso de los dedos por el roce del zapato... Uno de los problemas más preocupantes derivados de un pie cavo es la fascitis plantar, que es una inflamación muscular de la planta del pie y que conlleva dolor de talón, incluso algún moratón en esta zona.
Los pies no son los únicos afectados cuando se tienen alteraciones como los pies planos o cavos, también existen otras consecuencias directas como el dolor de rodillas o de espalda. A los podólogos les preocupa sobre todo los problemas derivados del pie laxo, porque, entre otras razones, es muchísimo más frecuente.
A raíz de este trastorno, y sino se ponen los medios adecuados, la persona puede desarrollar lesiones musculares, dolores de rodilla, problemas de menisco, molestias a la altura de los glúteos y lumbalgias. Contemplar la posibilidad de una alteración en los pies cuando se tiene alguno de estos dolores, puede resolver varios problemas de salud al mismo tiempo de una forma sencilla y nada invasiva.
El tener pies planos (laxos) o cavos (rígidos) es una cuestión genética, por lo tanto, se trasmite de padres a hijos al igual que el color de los ojos o del pelo. Pero las consecuencias más graves que afectan al aparato locomotor se puede minimizar y contrarrestar con plantillas correctoras personalizadas.
Estas plantillas (a las que los expertos llaman soporte plantar) son la gran herramienta terapéutica de los podólogos, entre otras cosas, por sus eficaces resultados. Generalmente, se aconsejan para mejorar defectos anatómicos, por eso, se fabrican una vez valorada la patología, la edad, el tipo de pie, el objetivo que se pretende con ellas y el calzado donde se van a introducir.
En contra de lo que se pueda pensar, se trata de una alternativa discreta gracias a los materiales que se emplean. Cada podólogo utiliza una técnica y un material diferente, pero, en la actualidad, las más científicas son las plantillas termoplásticas, que se fabrican con materiales con cierta rigidez, como el polipropileno, las resinas y EVAS de diferente densidad; atrás quedaron las de cuero, piezas, corcho... muy superadas.
Según explican los especialistas, las plantillas deben ponerse cuanto antes mejor. De hecho, cada vez son más los padres que detectan alteraciones de estas características en sus hijos desde la edad infantil; y, en esos casos, deben visitar al podólogo para que valore el tratamiento apropiado. De lo contrario, ese niño puede llegar a la edad adulta con problemas ligamentosos, musculares e incluso óseos y articulares, como artrosis de rodilla, tendinitis, dolor de cadera, hérnias...
También existen algunos ejercicios específicos como andar de puntillas, caminar con el borde externo del pie, coger canicas con los dedos, realizar ballet o practicar taekwondo, que fortalecen la musculatura propia del pie y que son muy recomendables en algunos casos.
El calzado inadecuado es otro de los factores que pueden favorecer la aparición de callos, durezas, juanetes, y otras patologías más graves como el dolor de espalda y los problemas de rodilla. Por este motivo, los profesionales consideran que para la elección del zapato debe tener en cuenta ciertos criterios:
- Debe sujetar el pie, por lo que es mejor si llevan cordones o velcro.
- A pesar de la sujeción que tiene que aportar, también tienen que permitir que movamos los dedos dentro de él.
- No deben ser ni de tacón alto y muy planos. Lo ideal es que tengan entre 2 y 3 centímetros de suela en el hombre, y 4 ó 5 en la mujer.
- La suela debería ser de goma, aunque tenemos el gran inconveniente del verano, donde la goma no permite transpirar al pie.
- Tiene que ser de pala ancha, la moda de los zapatos de punta estrecha daña muchos los pies.
- Los materiales de fabricación deben ser flexibles, mejor de piel traspirable.
Visto de este modo, es la antítesis de lo que a día de hoy le gusta a la mujer. Desgraciadamente, la moda femenina impulsa a llevar zapatos estrechos y con tacones altos que, a largo plazo, puede repercutir negativamente en la salud de los pies y del aparato locomotor, fomentando las probabilidades de que se formen juanetes, dedos en garra, dolores lumbares, contracturas en los metatarsos (por el uso de tacón), aunque se tenga un pie normal.
Es por ello, que para los podólogos es fundamental que, sobre todo las mujeres, encuentren un equilibrio entre el calzado anatómico o fisiológico y el gusto estético actual. En este aspecto son cada vez más las firmas que investigan para desarrollar un buen producto. El caso de los hombres no es tan preocupante porque tienen un sentido más práctico del calzado y suelen llevar un zapato más fisiológico.
Carmen Moreno
Con el asesoramiento del Dr. Ángel González de la Rubia, podólogo especialista en Biomecánica Clínica y Ortopodología, presidente de la AEPODE y director del Centro Terapéutico del Pie S.XXI.
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Fecha de creación: 09/12/2010 18:01:16 Última actualización: 09/12/2010 18:48