La fisura anal es una úlcera que se produce en el ano y son extremadamente comunes en los bebés, pero pueden ocurrir a cualquier edad. Normalmente curan expontaneamente pero en otras el tratamiento adecuado es fundamental para evitar que se cronifiquen.
La fisura anal es una úlcera, como una herida dolorosa, en forma de línea que se produce en el ano, en su tejido epitelial, localizándose cerca del margen del ano. Un desgarro justo donde cambia de piel a intestino.
Las fisuras anales son extremadamente comunes en los bebés, pero pueden ocurrir a cualquier edad. Los estudios sugieren que un 80% de los bebés ha sufrido de una fisura anal hacia el final del primer año de edad. La tasa de las fisuras anales disminuye rápidamente con la edad y son mucho menos comunes entre niños en edad escolar que en bebés.
Pueden ser consecuencia de una constipación aguda (debido a la eliminación de deposiciones de gran diámetro), que resquebrajan la mucosa anal que se distiende durante la defecación o pueden asociarse a, y complicar cualquier cuadro de constipación crónica, de etiología orgánica o funcional. También pueden surgir paradójicamente después de una diarrea.
Cada vez que realizamos una deposición, la herida se abre, se genera una fibrosis y con el paso de los días, se hace crónica.
Se presentan acompañadas de gran dolor al defecar y es apreciable la presencia de sangre fresca (roja) en la superficie de las heces y en el papel o toallita utilizado para la limpieza.
Puede haber deposiciones dolorosas sin que se aprecie sangrado, debiéndose el dolor a la distensión del ano. Es muy típico que el dolor no sea tanto en el momento de la deposición, sino que aparezca a los 10 o 15 minutos. Después se mantiene durante horas. Esto es debido a la contracción paradójica del esfínter anal interno. Lo que duele no es la herida en si, sino la contractura del esfínter anal interno.
El diagnóstico se hace por la simple inspección anal. El médico llevará a cabo un tacto rectal y examinará una muestra de tejido del recto (anal). En general las lesiones se localizan en la línea media (a las 6h y las 12h) pero pueden existir en toda la circunferencia.
La mayoría de las fisuras sanan espontáneamente y no requieren tratamiento, aparte de la buena higiene de los pañales en los bebés.
Hay que conseguir que el esfínter anal se relaje mediante la aplicación de calor local, ya sea en forma de baños de asiento o con una manta eléctrica. No aplicar frío local, que aunque haga remitir el dolor, su duración es breve y posteriormente vuelve de forma más aguda.
Sin embargo, algunas fisuras pueden requerir tratamiento. Los siguientes métodos de cuidados personales generalmente curan las fisuras anales.
- Limpieza suave. Lavarle con agua jabonosa y secar con una toallita sin alcohol. - Cambios en la dieta (consumir más fibra, sustancias que absorban agua mientras se encuentran en el tubo digestivo). - Crema anestésica si el dolor interfiere con la evacuación normal. - Vaselina aplicada en el área. - Baños de asiento - Ablandadores de las heces.
En ocasiones, una fisura se vuelve crónica y no sana, en cuyo caso se requiere una cirugía menor para relajar el esfínter. Generalmente a pesar de haberse curado de las fisuras e incluso del estreñimiento, el niño continúa llorando al defecar como consecuencia del miedo adquirido que es más difícil de solucionar que las propias fisuras.
Para prevenir las fisuras anales en los bebés, es necesario asegurarse de cambiar los pañales con frecuencia.
Para prevenir fisuras a cualquier edad:
- Mantener el área anal seca. - Limpiar con materiales suaves, un pedazo de tela humedecido o una almohadilla de algodón. - Tratar oportunamente cualquier estreñimiento o diarrea. - Evitar la irritación del recto.
Dr. D. Francisco Gilo Valle
Pediatra
Madrid
Fecha de creación: 20/05/2011 12:41:21 Última actualización: 02/06/2011 13:46