La depresión es una de las enfermedades mas frecuentes en la vejez. Hasta ahora no se le había dado mucha importancia. Por un lado, se creía que era innata al proceso de envejecimiento y, por otro, había cierta tendencia a confundirla con otros trastornos más típicos de esta etapa como los trastornos de memoria, síndromes demenciales, etc. Veamos, por tanto, en qué consiste realmente la depresión y, sobre todo, qué se podría hacer para ayudar a nuestros mayores a superarla.
Depresión. Se produce aislamiento, pérdida de motivación y de energía y tristeza.
Es un trastorno del estado de ánimo cuya gravedad es variable. Afecta a un 15 por ciento de la población. Algunos estudios apuntan a que alrededor de un 35% de la población anciana ha tenido algún síntoma depresivo.
Conviene aclarar que los síntomas depresivos se disparan en los ancianos que se encuentran hospitalizados o institucionalizados. Los síntomas más frecuentes son: apatía, desmotivacion, visión negativa de todo lo que les rodea, alteración del estado de animo, baja autoestima, aislamiento social, sentimientos de culpa, reproches, falta de concentración, ideas de suicidio, etc.
Se produce una pérdida de interés por todo, la persona que sufre este problema es incapaz de disfrutar, disminuye su actividad, hay pérdida de vitalidad y energía, alteración del sueño, pérdida del apetito, etc.
Al contrario de lo que suele ocurrir en personas más jóvenes, la depresión en los mayores se manifiesta más con síntomas somáticos como dolores de cabeza, vértigos, dolencias corporales, etc. que con expresiones de tristeza.
Conviene aclarar que, además de los síntomas comunes de cualquier depresión se podría establecer un diagnóstico diferencial que nos ayude a no confundirla con otras enfermedades. Muchas veces, la depresión en sí no es la enfermedad sino un síntoma de otras enfermedades como los problemas de tiroides, trastornos metabólicos, demencias, etc.
Otras sin embargo, es producida por el consumo de fármacos para tratar otras enfermedades o dolencias médicas.
- Algunos de los factores son baja autoestima, pocas habilidades sociales y dificultad para resolver problemas cotidianos. A la hora de diagnosticar una depresión es importante tener en cuenta el estilo de pensamiento que la persona ha tenido a lo largo de su vida.
Muchos se centran solamente en los aspectos negativos, tienden a infravalorarse, se consideran culpables de todo.
- La estructura y rasgos de personalidad que se ha tenido cuando joven va a predecir en gran medida la forma de adaptarse y enfrentarse a las necesidades y cambios de la vejez.
Por lo tanto, las personas obsesivas, dependientes, apáticas, desmotivadas, etc. van a tener más probabilidad de sufrir una depresión al llegar a la vejez.
- Dificultad para enfrentarse y adaptarse a los cambios que implican las nuevas tecnologías. Esto puede llevarles al aislamiento, la impotencia, inseguridad, y por consiguiente depresión.
- Sucesos traumáticos, pérdida de familiares, seres queridos, etc.
- Problemas de salud, pérdida de autonomía e independencia para valerse por sí mismos.
- Cambios que acontecen con la jubilación: menos nivel económico, reducción en las relaciones sociales, disminución en la actividad diaria, sentimientos de inutilidad.
- Cambios en la estructura del cerebro, alteraciones en algunos neurotransmisores, problemas hormonales, etc.
Durante el proceso de envejecimiento se produce una disminución en la capacidad de producir neurotransmisores (sustancias químicas cerebrales).
Es necesario combinar el tratamiento farmacológico con la psicoterapia. Todo va a depender de la sintomatología y características del anciano, por lo que siempre deben ser recetados bajo prescripción médica.
La psicoterapia pretende enseñar al anciano a mejorar su forma de pensar, su estilo de pensamiento. Debe aprender a detectar esos pensamientos que le hacen sufrir e intentar sustituirlos por otros más realistas y positivos.
Se aconseja que realicen actividades que le sean agradables, mantenerse activos física y mentalmente. Las personas que tienen una vida activa, que tienen amigos, vida social, lazos familiares estrechos, apoyo social, etc. tienen más probabilidad de salir de este estado.
- Las personas cercanas a ls ancianos con este problema han de evitar enfadarse con ellos o reprocharles que estén así. Además, no se les debe presionar ni forzar ha hacer cosas que no quieren hacer.
Muchas veces nos empeñamos e insistimos en que hagan un viaje, practiquen ejercicio, salgan con amigos, etc. Se le puede sugerir pero, no insistir ni obligar.
- Intentar no hacer las cosas por ellos. Debemos dejar que ellos se responsabilicen de sus obligaciones y asuntos personales.
Tener en cuenta que en esta situación las personas se vuelven más lentas y apáticas, le cuesta mucho trabajo cualquier actividad por lo que, no debemos presionarles ni insistirles para que sean más rápidos y se den prisa.
- Ignorar y no hacer caso cuando se quejen o emitan sentimientos negativos. En estos casos lo mejor es no hacer ningún comentario y retirarles la atención.
Por el contrario cuando verbalicen pensamientos positivos, los veamos animados, activos, con ganas de hacer cosas y actitud optimista debemos prestarles atención, ayudarles a conseguir sus propósitos y reforzarles por ello.
Dª. Trinidad Aparicio Pérez
Psicóloga. Especialista en infancia y adolescencia.