Calcio. El metabolismo del calcio se altera profundamente durante la gestación por los cambios hormonales, que producen un aumento en la absorción y retención del mineral, y por las elevadas concentraciones en sangre de un componente de la vitamina D.El feto acumula 330 gr. de calcio durante su formación, de modo que el calcio de la madre se reduce en un 5%, el cual se recupera rápidamente tras el parto.
La ingesta de calcio recomendada para las mujeres embarazadas es de 1200 mg/día, lo que representa un aumento de 400 mg. sobre la ingesta normal de una mujer mayor de 25 años.
Una baja ingesta durante el embarazo conduce a una disminución de los depósitos de este mineral en la madre y puede aumentar el riesgo de osteoporosis en años posteriores.
Magnesio. El organismo adulto contiene unos 350 mg. de magnesio por kg. de peso corporal. El 60% está en el esqueleto, el 20% en el músculo esquelético y el 20% en otros tejidos.
La mujeres jóvenes que realizan dietas de adelgazamiento sin control médico tienen déficits de magnesio, lo cual puede desencadenar hipertensión y un mayor riesgo de presión arterial elevada (pre-eclampsia) en las mujeres embarazadas. Por ello, es recomendable que durante la gestación se asegure una ingesta de magnesio como mínimo de 320 mg/día.
Hierro. Las mujeres tienen unas necesidades de hierro superiores a los hombres debido a las pérdidas periódicas en la menstruación. Estas pérdidas pueden incrementarse cuando se utilizan dispositivos intrauterinos como anticonceptivos.
El caso de las mujeres embarazadas representa una situación especial ya que necesitan hierro además de para su organismo, para cubrir las necesidades del feto y de la placenta. De ahí la conveniencia de tomar suplementos con hierro o alimentos enriquecidos en hierro en el embarazo.
Para la prevención de la deficiencia de hierro durante la gestación se recomienda la administración sistemática diaria de hierro (preferentemente en forma ferrosa), comenzando en la semana 12 de gestación, además de una dieta equilibrada que contenga factores que favorezcan la absorción de hierro tales como vitamina C y carne.
No obstante, se debe evitar la suplementación excesiva de hierro ya que provoca problemas intestinales e interfiere con la absorción de otros elementos minerales como el cinc y el cobre que también son esenciales para el desarrollo fetal.
Si se utilizan alimentos enriquecidos, éstos deben contener hierro en una forma de elevada biodisponibilidad y no ingerirse con líquidos que puedan interferir la absorción, como café o té.
Cinc. El cinc en sangre comienza a descender al comienzo de la gestación y continúa hasta el parto, alcanzando una concentración un 35% más baja que la de las mujeres no gestantes.
Se recomienda que la ingesta de cinc durante la gestación sea de 15 mg/día, lo cual supondria 3 mg. más que en situación de normalidad, para compensar las necesidades fetales.
La ingesta usual de las mujeres embarazadas suele ser menor (entre 9 y 11 mg/día), y en las mujeres vegetarianas mucho menos, por lo que se recomienda el incremento en la dieta hasta alcanzar la cifra de 15 mg.
Cobre. En los animales de laboratorio, el déficit de cobre materno causa infertilidad, aborto y muerte fetal. Sin embargo, en los humanos esto no se ha demostrado. Por ello, en las embarazadas no se recomienda una ingesta de cobre superior a la de los adultos normales. No obstante, cuando se administran suplementos de cinc, se recomienda un suplemento diario de 2 mg. de cobre porque el cobre se absorbe peor cuando se da cinc.
Yodo. La deficiencia de yodo durante el embarazo causa una enfermedad (el hipotiroidismo fetal) que tiene como consecuencia un número de alteraciones profundas tales como cretinismo (retraso mental), aborto, anomalías fetales, sordera profunda y muerte fetal.
El yodo es parte esencial de las hormonas tiroideas, las cuales son necesarias para el desarrollo normal del cerebro y para su maduración. La ingesta recomendada para las mujeres gestantes es de 175 microgramos/día.