Con este término se engloban los dolores que aparecen por la noche durante el crecimiento en miembros inferiores y que, en muchas ocasiones, producen alarma en los padres debido a su intensidad y recurrencia.
No se conoce con exactitud por qué ocurren realmente estos dolores que aparecen en el 10-20% de los niños en edad escolar (sobre todo entre los 4 y 5 años), aunque se han relacionado con diversos factores entre los que destacan:
- La fatiga muscular producida tras un ejercicio intenso en niños muy activos.
- Mínimos traumatismos recibidos durante el día que producirían pequeñas lesiones musculares que se manifestarían por la noche cuando el niño tiene sus músculos relajados.
- También se ha relacionado con el estiramiento de los músculos producido por el crecimiento de los huesos.
- Puede existir una predisposición familiar, ya que, con frecuencia, se encuentran antecedentes de un dolor similar en padres o hermanos.
Cuando aparecen estos síntomas en un niño debe ser examinado por el pediatra para que descarte otra patología.
Normalmente, no se precisan exploraciones complementarias (exámenes de laboratorio y radiografías) para llegar a su diagnóstico, a no ser que por la exploración física o las características del dolor existan dudas.
Los dolores mejoran con la aplicación de calor local y masajes, tras los cuales el niño vuelve a dormirse como si nada hubiera ocurrido.
A veces es precisa la administración de un analgésico tipo paracetamol o ibuprofeno.
Se ha propuesto su prevención mediante la realización de ejercicios de elongación de los músculos de las extremidades inferiores, pero su eficacia es relativa.
Pueden aparecer durante todo el crecimiento y, aunque generalmente dura meses, puede llegar a durar años.
Es importante tranquilizar al niño y a la familia cuando aparecen los dolores del crecimiento por su benignidad y por la certeza de que desaparecerán con el paso del tiempo.