Degustar las comidas típicas de los lugares que se visitan es uno de los atractivos de los viajes, pero también una de las mayores fuentes de problemas debido al riesgo de intoxicarse o sufrir una gastroenteritis.
En el avión. Cuando se producen cambios horarios a bordo del avión, el reloj biológico, que controla los ciclos de sueño, vigilia, actividad y alimentación a lo largo de las 24 horas del día, está ajustado al lugar de origen y desajustado respecto del destino.
Esta alteración -conocida como "jet lag" -produce una descompensación física y psicológica que causa irritabilidad, diarrea, jaqueca, falta de apetito, fatiga, letargo, insomnio y dificultad para concentrarse y decidir.
Remedios. Para aliviar y abreviar el "jet lag", que se repite al regresar, los expertos aconsejan comer el día previo a la partida un plato ligero (con proteínas, pero bajo en calorías) para no fatigar al organismo.
Para adaptarse más rápidamente al nuevo horario, el día de llegada conviene almorzar una comida ligera y proteica (carne, pescado, queso) y tomar una cena rica en hidratos de carbono (arroz, pastas) que estimulan la producción de serotonina, una sustancia cerebral relajante.
Los cambios en las conductas alimentarias, ritmo de vida y clima suelen causar estreñimiento -irregularidad de los movimientos intestinales que provoca una evacuación menos frecuente y más dificultosa además de la acumulación de toxinas en la sangre, dolores, irritabilidad y malestar general- pesadez abdominal, hinchazón y la sensación de no estar en forma durante los primeros días de vacaciones.
Para evitar estos problemas, hay que dedicar parte del tiempo de ocio a caminar o hacer algún ejercicio y comer frutas, verduras, pan integral y cereales. Además de beber dos litros de agua (preferible embotellada).
Una solución sencilla y eficaz para este problema es tomar una cucharada de aceite de oliva virgen en ayunas.
Baño. Bañarse después de comer puede causar un corte de digestión. (Archivo)
Una cerveza helada, un granizado de limón o un helado refrescan y ayudan a recuperar el líquido perdido, pero también pueden ocasionar el temido corte de digestión -el bloqueo del proceso digestivo debido a un golpe de frío ambiental o la ingestión de bebidas o comidas frías-.
Este trastorno se produce por la caída brusca de la presión sanguínea en la región digestiva, lo que puede producir desde una taquicardia, sudores fríos y vómitos, hasta una sensación de opresión abdominal y desmayo. Una de las causas más frecuentes son los baños después de comer que producen un shock digestivo como respuesta del organismo al efecto del agua sobre la superficie corporal.
Para prevenirlo, se deben de evitar tomar comidas y bebidas excesivamente frías, o la inmersión brusca en agua fría, sin respetar el proceso de digestión (de 2 y 4 horas después de la comida).
Si se corta la digestión, la persona debe de acostarse para prevenir el desmayo y poner las manos y los pies en agua caliente para restablecer el flujo sanguíneo estomacal. No olvide llamar al médico.
Degustar las comidas típicas de los lugares que se visitan es uno de los atractivos de los viajes, pero también una de las mayores fuentes de problemas debido al riesgo de intoxicarse o sufrir una gastroenteritis. Los alimentos contaminados, y más cuando no se ha probado antes, no se distinguen fácilmente ni por su sabor ni por su olor.
Para prevenir una intoxicación es conveniente asegurarse de que los alimentos hayan sido debidamente manipulados. Aunque el proceso de congelación o el frío no mata todos los gérmenes, el riesgo de intoxicarse es menor. Por ello, es imprescindible rechazar los alimentos que estén expuestos sin refrigeración ni protegidos por un cristal.
Los cambios alimenticios, el agua y los gérmenes ambientales pueden desencadenar en el viajero una evacuación frecuente, provocada, la mayoría de las veces, por las bacterias E.coli, shigella y salmonella.
Para prevenirla es fundamental no tomar las frutas y verduras crudas ni sin pelar, la carne poco hecha y los mariscos sin cocer. Tampoco se debe de beber agua del grifo o utilizar cubitos de hielo para enfriar las bebidas. Siempre tome el líquido en botella y procure que se la sirvan delante de usted. Los refrescos de cola, el zumo de naranja y los yogures con acidofilus ayudan a mantener a raya los gérmenes en el sistema digestivo.
Los viajes proporcionan bienestar, pero también plantean nuevas exigencias al cuerpo y a la mente. Los expertos recomiendan reforzar el aporte de magnesio con cereales, nueces, avellanas, legumbres frescas y chocolate.
Este mineral regula el sistema nervioso, fortalece las defensas del organismo, relaja los músculos y ayuda a aliviar las situaciones de cansancio, nerviosismo, estrés, irritabilidad y preocupación.
Omar R. Goncebat
EFE Reportajes
Fecha de creación: 12/12/2000 10:23:11 Última actualización: 19/10/2007 09:15