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Deshidrataciones: qué son y cómo evitarlas
La deshidratación es una disminución más o menos grave de la cantidad de agua del organismo, lo cual repercute también en la concentración de electrolitos. Especial atención necesitan los niños, los ancianos y los enfermos.

1. ¿Qué es la deshidratación? 
2. También se alteran las sales minerales 
3. Síntomas de la deshidratación 
4. Cuidados especiales 
    4.1. En los bebés 
    4.2. En los ancianos 
    4.3. En otros casos 
 
  1. ¿Qué es la deshidratación?
 
Agua. Esencial para la vida y el correcto funcionamiento del organismo.
La deshidratación es la falta de agua necesaria para el organismo. Puede deberse a una pérdida excesiva de líquidos por sudor, a vómitos, a diarreas, a un exceso de eliminación de orina (por fármacos diuréticos o diabetes no tratada) o a una falta de ingestión de líquidos.

Como consecuencia, se alteran las funciones del organismo y aparecen una serie de signos clínicos que van desde la sed o piel seca hasta el coma y la muerte en casos extremos.

En condiciones normales, se pierde diariamente cierta cantidad de agua a través de la respiración, el sudor (medio litro al día) y la orina, y de las lagrimas o las heces.

Pero no es raro que se produzcan pérdidas anormales por vómitos, diarreas, fiebre o deshidratación por calor excesivo. También pueden ocurrir pérdidas excesivas por la orina en ciertas patologías como la diabetes no controlada o por ingesta de los fármacos llamados diurético que favorecen la eliminación de orina.

En otros casos puede haber pérdida de líquidos por quemaduras o hemorragias internas o externas.


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  2. También se alteran las sales minerales
 
Según la forma de perder el agua, ésta no se pierde sola sino que arrastra con ella una serie de sales minerales o electrolitos. En otras circunstancias, al perderse agua, se produce un aumento de la concentración de las sales. Esto da lugar a una serie de alteraciones llamadas trastornos electrolíticos.

Así, además de agua, se pierden electrolitos en las siguientes circustancias:

- En las diarreas se pierde bicarbonato.
- Con vómitos y diarreas graves se pierde potasio.
- Con diuréticos, sobre todo los llamados tiazídicos, y con los fármacos empleados en el tratamiento psiquiátrico o la nicotina, se pierde sodio.
- Con una pérdida excesiva de orina se pierde potasio.

Otras veces se produce un aumento de la concentración de sales:

- Con los vómitos y diuréticos aumenta la concentración plasmática de bicarbonato.
- Hay hipernatremia (aumento de sodio) por sudor copioso en ambiente húmedo o caliente, pérdidas gastrointestinales sobre todo en las diarreas infantiles, pérdidas de agua por la piel y la respiración, especialmente en estados febriles, pérdida de orina excesiva por diabetes insípida central y diabetes insípida nefrogénica.


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  3. Síntomas de la deshidratación
 
- Sed. Es uno de los síntomas primeros de la necesidad de agua en el organismo. Esta sensación nos impulsa a beber el agua que necesitamos. Sin embargo, hay dos grupos de población en los que este mecanismo no es suficiente: en los bebés, que no pueden manifestarlo ni conseguir el agua que necesitan por ellos mismos; y en los ancianos, donde disminuye la sensación de sed aunque necesiten ingerir agua.

- Disminución del volumen de orina. Se orina menos cantidad y con menos frecuencia. Esto es una consecuencia de los esfuerzos del riñón por concentrar la orina y eliminar la menor cantidad de agua posible.

- Piel seca. La piel pierde su elasticidad y en casos extremos se produce lo que llama el "signo del pliegue"; al pellizcar la piel, del dorso de la mano por ejemplo, la piel queda elevada, arrugada y tarda mucho en volver a su lugar. Además, la piel aparece fría y pálida. El estado de la piel es un indicador más valioso en niños que en adultos y ancianos por la pérdida natural de la elasticidad dérmica propia de la edad.

- Sequedad de mucosas: al igual que la sequedad de piel, sucede por la falta de agua extracelular. Disminuye o se bloquea la formación de moco y se resecan las fosas nasales. Disminuye la producción de saliva y la boca se siente pastosa.

- Cansancio, mareo y/o confusión. El cerebro recibe menos oxígeno al disminuir la cantidad de sangre circulante. La falta de agua afecta a todo el organismo, disminuyendo también el volumen sanguíneo, con lo cual disminuye la presión arterial y el gasto cardiaco. Para compensar la poca sangre con oxígeno que llega a las células, se produce un aumento de la frecuencia cardiaca y del pulso sanguíneo.

- Si la pérdida de agua y electrolitos progresa, puede suceder un shock hipovolémico (por pérdidas superiores al 15-25% del volumen sanguíneo), que es una situación grave que requiere un tratamiento urgente ya que puede llevar al coma y a la muerte por falta de aporte sanguíneo suficiente a los diferentes órganos y tejidos que sufren lesiones.


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  4. Cuidados especiales
 
Las deshidrataciones son más peligrosas en los niños y los ancianos y las personas enfermas.

4.1. En los bebés
En los bebés la deshidratación es especialmente grave. La causa más frecuente es la pérdida de agua por los vómitos o las diarreas, o la falta de ingesta de agua, bien por tomar poco agua o bien por ofrecerle biberones preparados con más concentración de polvo de leche de la que corresponde a la cantidad de agua.

El bebé deshidratado moja menos pañales, (lo normal es que los moje cada 3 ó 4 horas) y la orina es más oscura, la piel está menos elástica, la boca y la lengua están secas, los ojos se ven hundidos, está irritable y llora sin lágrimas.

Las fontanelas (zonas aún sin osificar del cráneo) están hundidas, pierde peso, disminuye el nivel de alerta (pudiendo llegar al coma en situaciones graves) y puede tener fiebre alta.

Para prevenirla hemos de ofrecer agua al niño cada poco tiempo y vigilar la cantidad de orina.

Hemos de ser estrictos a la hora de preparar los biberones, añadiendo los cacitos de leche que correspondan a la cantidad de agua y, además, enrasando bien estos cacitos para asegurarnos de que la proporción de agua y polvo es la adecuada.

Es importante consultar al médico si hay vómitos o diarrea.

No debemos exponer a los bebés a altas temperaturas, ni al sol directo. Por supuesto, no dejar jamás a un bebé ni a un niño (ni a nadie, ni siquera a un animal) en un coche cerrado ni por un minuto cuando las temperaturas son altas, ya que puede morir por el calor.

4.2. En los ancianos
En los ancianos también son problemáticas las deshidrataciones, pudiendo tener graves consecuencias leves deshidrataciones ya que pueden descompensar enfermedades de base.

La causa más frecuente de la deshidratación en los ancianos es la falta de ingesta de líquidos y la pérdida por vómitos o diarreas o la toma de diuréticos.

En los ancianos disminuye la sensación de la sed, pero también anulan la sensación de sed algunas patologías neurológicas como la demencia.

Otras veces hay alteraciones que impiden beber como enfermedades digestivas o estados de inconsciencia.

También los ancianos deben beber agua cada poco tiempo, aunque no tengan sed, vigilar las veces y la cantidad que orinan, tener cuidado con los medicamentos que toman, haciéndolo exclusivamente por consejo de su médico, no exponerse a altas temperaturas ni al sol sin protección.

Si tenemos a nuestro cargo a un anciano, hemos de estar atentos a su nivel de consciencia y a la presencia de mareos, sobre todo al cambiar de postura o incorporarse. Otros síntomas de deshidratación avanzada pueden ser cefaleas, náuseas, calambres o hipotensión.

4.3. En otros casos
Las personas enfermas requieren especial atención ante la deshidratación, sobre todo en patologías en las que existe una incapacidad de retención de líquidos o en aquellas en las que la pérdida de agua y los trastornos electrolíticos agravan especialmente la patología de base.

En niños y adultos que presenten una micción excesiva (orinen mucho), debemos consultar al médico sobre todo si hay antecedentes personales o familiares de diabetes.

En los adolescentes con gran actividad física y en los deportistas también es frecuente una pérdida excesiva de agua por el sudor.

Debe prevenirse manteniendo una ingesta de líquidos regular (sobre todo de bebidas isotónicas), evitando el ejercicio excesivo, no haciendo ejercicio al sol o bajo temperaturas elevadas, llevando ropa de algodón que no aumente la sudoración y descansando con frecuencia.

Dra. Dª. Ana María Roca Ruiz

Médica y Odontóloga – Máster en Nutrición

Puleva Salud



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 Fecha de creación: 08/06/2005 10:10:44  
 Última actualización: 19/10/2007 13:31


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