El objetivo es mantenerlo sano y fuerte. Se lleve largo, corto, rizado, liso... El cabello es una seña de identidad en hombres y mujeres. De ahí el especial interés de unos y otros por cuidar su apariencia.
El cabello es una materia viva que nace, crece y muere. Para cuidarlo es imprescindible conocerlo.
Se compone de una parte inerte, que es la que vemos y que se denomina tallo, y de otra viva, dentro del cuero cabelludo, que es la raíz.
La raíz o bulbo está constituida por células que se regeneran a un ritmo muy rápido. Es la parte más profunda del cabello y está en contacto con los vasos sanguíneos, de los que se nutre, y con los nervios.
El ritmo de vida y distintos factores como el sol, el viento o el polvo inciden en el cabello, de ahí que se ponga tanto interés en su cuidado. Otros enemigos son los cambios hormonales, ciertos medicamentos y tratamientos capilares agresivos, que influyen notablemente en el aspecto y en la calidad del cabello.
Existen tres tipos de cabello: normal, seco y graso. Cada persona, en función de si su pelo es graso o seco, corto o largo, claro o moreno, tiene unas necesidades concretas. Ahora bien, conviene evitar en todo caso lavar el pelo con el mismo gel utilizado para el cuerpo.
- Cabello normal. Es el tipo de cabello ideal y no requiere demasiada dedicación. Es aconsejable una frecuencia de lavados de unas dos veces por semana.
- Cabello seco. Es un tipo de cabello que no exige muchos lavados. Ahora bien, resulta conveniente complementar el champú con regeneradores o suavizantes y nutrientes. La frecuencia recomendada es de una vez a la semana.
- Cabello graso. Para combatir el exceso de grasa existen en el mercado champúes especializados para este uso. La frecuencia recomendada es lavar pelo un día sí y otro no como mucho.
Higiene. La frecuencia del lavado dependerá del tipo de cabello. (Archivo)
Las condiciones meteorológicas, un baño en el mar o un simple paseo al aire libre pueden influir en la calidad y apariencia de nuestro cabello. Para mantenerlo sano es preciso tener en cuenta las siguientes recomendaciones:
- Champú. Su elección es decisiva. Debe ser acorde al tipo de cabello y debe mantener un correcto equilibrio entre los detergentes y los principios activos.
- Cepillado. Se recomienda un buen cepillado del cabello antes del lavado.
- Lavado. La frecuencia depende del tipo de cabello. Así, para un pelo normal lo aconsejable es de uno a dos lavados por semana; para uno seco, uno por semana; y para uno graso, de dos a tres veces a la semana.
- Secado. Tan importante como el lavado es el secado. Lo ideal es secarlo con los dedos, aplicarle aire no demasiado caliente y moldearlo con un cepillo de cerdas naturales. Es importante que el secador se mantenga a una distancia prudencial (unos 20 centímetros) del pelo.
- En la playa. Protege tu cabello del sol y aplícate un poco de bloqueador solar. Evitarás que se reseque y se decolore.
Una dieta equilibrada y rica en vitaminas y minerales le va a aportar los elementos precisos al cabello para que se mantenga sano y fuerte.
Vitaminas. Existen vitaminas capaces de actuar de forma directa sobre el pelo y de dotarlo de un aspecto saludable.
Así, la vitamina A desempeña un importante papel en la regeneración de los tejidos y en el buen funcionamiento del cuero cabelludo. Se encuentra en la leche, los huevos y la mantequilla.
La vitamina B ayuda a mantener una piel y cabellos sanos.
La vitamina E refuerza la circulación sanguínea y ejerce una función tonificante, y se puede ingerir con los cereales, frutos secos, huevos y vegetales.
La vitamina H o Biotina mantiene el mecanismo graso de la piel que protege el cabello de la caída. Se puede asimilar a partir de la ingesta de cereales, la leche y las verduras.
Minerales. Además de las vitaminas un cabello sano necesita minerales como el hierro (legumbres, hígado, huevos...), el cobre (nueces, cacao...) o el potasio (plátanos, legumbres...).
Puleva Salud
Fecha de creación: 13/11/2000 14:51:01 Última actualización: 11/02/2008 19:31