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Diabetes mellitus en ancianos: síntomas, complicaciones y tratamiento
Aunque los síntomas iniciales no son alarmantes, la evolución, sin tratamiento, puede tener graves complicaciones. No obstante una detección precoz y un tratamiento adecuado evitará estas consecuencias y mejorará la calidad de vida del diabético mayor.

1. Síntomas iniciales 
2. Complicaciones 
    2.1. Complicaciones agudas 
    2.2. Complicaciones crónicas 
3. Tratamiento en los mayores 
    3.1. Mantener la independencia 
    3.2. La dieta 
    3.3. El ejercicio 
    3.4. Los fármacos 
    3.5. La insulina 
 
  1. Síntomas iniciales
 
Los síntomas iniciales típicos pueden ser aumento de la sed, aumento de las veces que se orina, aumento del apetito, pérdida de peso o cansancio.


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  2. Complicaciones
 
El verdadero problema de la diabetes son sus complicaciones. Estas pueden aparecer bruscamente (complicaciones agudas) o de forma progresiva a lo largo de los años (complicaciones crónicas).

2.1. Complicaciones agudas
Las complicaciones agudas aparecen por la subida o bajada brusca del nivel de glucosa en sangre. Las dos situaciones son muy graves y si no se remedian pueden producir la muerte de la persona.

Cuando sube en exceso el nivel de glucosa se produce el coma diabético y cuando baja mucho (habitualmente por un tratamiento) se produce una hipoglucemia.

Estas dos situaciones pueden aparecer en un diabético que esté bien controlado pero sufra una infección, un traumatismo o una intervención quirúrgica.

En estos momento hay que poner un cuidado especial en el control de la glucosa en estas personas.


2.2. Complicaciones crónicas
Las complicaciones crónicas se producen a lo largo del tiempo y se relacionan con el mal control mantenido de los niveles de glucosa en sangre. A peor control de la diabetes, mayor frecuencia y velocidad de las complicaciones.

El lugar donde más daño hace la diabetes es en las arterias. La glucosa va dañando las arterias y produciendo arteriosclerosis.

Así, puede afectar a las arterias grandes del cuerpo, produciendo enfermedades en el corazón (infarto de miocardio, angina de pecho), en el cerebro (ictus o enfermedad cerebral vascular), en el riñón, en el riego de las piernas (es la causa más frecuente de amputación, junto con el tabaco) o en otros órganos.

También afecta a las arterias pequeñas de la retina, del riñón, o del corazón. Por todo eso es la principal causa de ceguera, y la razón más frecuente de sufrir un fracaso renal que termine en la diálisis.

La diabetes también puede afectar a los nervios más superficiales, con lo que se pierde la sensibilidad y estas personas notan menos el dolor, por lo que se producen heridas sin darse cuenta que pueden acabar complicándose de forma grave.



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  3. Tratamiento en los mayores
 
Cuando la diabetes aparece en edades muy avanzadas, es menos probable que produzca daños a largo plazo (sencillamente porque el tiempo de vida es más corto).

Por tanto, el objetivo del tratamiento de la diabetes en las personas mayores no es tener una cifra perfecta en los análisis, sino conseguir mejorar la calidad de vida.

Esto se consigue reduciendo en lo posible tanto las complicaciones agudas como las crónicas, especialmente aquellas que limitan la vida de la persona mayor.

El tratamiento de la diabetes en las personas mayores se apoya por lo demás en las mismas bases que en los adultos más jóvenes.

3.1. Mantener la independencia
Hay que favorecer que el diabético sea capaz de controlar su enfermedad por sí mismo. Para ello debe conocer bien la enfermedad y reconocer sus complicaciones (especialmente la hipoglucemia).

Debe también aprender a usar el aparato de autocontrol de la glucosa y saber las estrategias que tiene que seguir en función del resultado de su autocontrol. Es conveniente que aprenda también otro miembro de la familia o un amigo cercano para que le puedan ayudar cuando lo precise.

Cuando necesite insulina, deberá aprender a inyectársela a sí mismo.


3.2. La dieta
Dieta. Reducir los hidratos de carbono de absorción rápida y tomar los de absorción lenta.

La dieta es importante y muchas veces, junto con el ejercicio, es suficiente para volver la glucosa a la normalidad. Puede ser el único tratamiento necesario.

El diabético debe evitar o reducir mucho el uso de los hidratos de carbono que se absorben de forma rápida (azúcar, fruta, zumos), pero puede utilizar los que se absorben más lentamente como el arroz, las patatas o las legumbres.

Es conveniente reducir también el consumo de grasas, ya que muchas veces tienen también altos los lípidos en la sangre y multiplican el riesgo de la arteriosclerosis.

Si una persona diabética tiene exceso de peso, hará todo lo posible por perderlo. La pérdida de peso mejora la glucosa y la tensión arterial.


3.3. El ejercicio
Está demostrado que el ejercicio mejora la función de los receptores de insulina, y por tanto baja los niveles de glucosa en los diabéticos.

Es aconsejable hacer ejercicio todos los días de forma suave. Puede ser andar, nadar o usar la bicicleta estática.


3.4. Los fármacos
Cuando no se puede controlar el nivel de glucosa con la dieta y el ejercicio hay que comenzar el tratamiento con fármacos que reducen la glucosa de la sangre.

Estos fármacos deben tomarse siempre bajo estricto control médico, ya que tienen efectos secundarios si no se ajusta bien la dosis.

Hoy día existen varios tipos de medicamentos para bajar la glucosa. El médico elegirá el más adecuado a su caso.


3.5. La insulina
La única alternativa a los fármacos orales es la insulina. La insulina es obligada en la diabetes tipo 1, pero en la tipo 2 es una opción más, porque como hemos comentado la mayoría de las veces el problema en este caso no es que falte insulina, sino que no funciona bien.

Algunos expertos creen que hay que usar la insulina desde el principio en cualquier diabetes, pero en la mayoría de los casos se reserva para el momento en que ningún otro tratamiento es eficaz.

Las personas mayores puede usar la insulina tan bien como los jóvenes. No hay ninguna contraindicación específica en ellos. Lo único que tienen que hacer es aprender a utilizarla y a controlar el nivel de glucosa. Esto es cada vez más fácil, porque hay nuevas presentaciones en forma de plumas precargadas con la cantidad y la mezcla adecuada para evitar errores.

Antes de empezar a usar la insulina, es conveniente que su médico y su enfermera le instruyan sobre cómo se usa y cómo se ajusta la dosis en función de la dieta, el ejercicio y las distintas circunstancias.

Dra. Dª. Marina Carpena

Licenciada en Medicina y Cirugía

Puleva Salud



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 Fecha de creación: 28/12/2000 11:52:57  
 Última actualización: 15/01/2010 11:57


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